Publicado en Poetry, Thoughts

Re.encuentro

De tu lengua una delicia,
de tus ojos mi codicia:
sentir el mar sin su lamento
ni más postres venideros.

Romper la rima que trasciende empalagosa, porque de chicles y algodones ya no quiero otros amores. Y ahí voy, descubriendo los retazos de esta vida que me reta y me revuelve y caótica me encuentra: seré canela, azafrán y hierbabuena, magia y tormenta.

Déjame suspirar entre tu lengua,
tremor volátil que enciende;
danzar entre letras y placeres:
arrollo los adioses trastocados.

Tal vez nunca entienda tu propósito, Cupido, pero me vale el sentido. Quiero brillar y ser yo cuando me enamoro de cada par de ojos que me enseñan universos. Retozar entre caricias rotas y trocarnos eternos a mi manera. Seré real: en esta vida y en las siguientes.

Publicado en Thoughts

Perder para encontrarse

Perdida en la nada, sin sombra ni luz. Reconstruyendo el dolor de la despedida, una y otra y otra vez sin saber salir. Enredada en el laberinto de los adioses. Diez años, cuatro meses, la nada. Gris, dolor, no hay dónde esconderse.

Que nadie me diga maravillosa, porque he dejado de serlo. Abotagada de grises, embotada en el vacío. La nada. He dejado de sentir: las caricias se desvanecen en los vacíos. El vacío del adiós. Ya nada queda y me re.re.re.repito: bucle infinito, que no se acaba, que no se rompe…, las ganas han dejado de existir. Es que… ya no quiero volver a sentir.

(…)

Tuve que perderme para volver a encontrarme. Páginas y páginas de otras historias, libros que sacuden el alma para desempolvar quien soy. Vuelvo al cero, a la nada: resurgir del silencio y colmar los vacíos con risas y arcoíris. El tiempo no cura ni madres, pero tampoco se detiene: siempre recordaré, siempre seré real. Extraño sentir.

Volver a pintar fantasías en las flores. La esperanza se ha vuelto de fresa. Anhelar más lunas, más magia; florecer en primavera una y otra vez, sin miedos, sin ti, contigo, con sueños, con…, sin…, deshojando margaritas. Añorar la calma y el hogar.

Respirar. Uno. Tú. Dos. Yo. Tres. Perdida. Cuatro. Encuentro. Cinco. Yo. Seis. Yo. Siete. Yo, siempre yo.

Publicado en No ficción

#8M2021

Porque me llamó loca, histérica, enferma, exagerada. Porque me dijeron que yo lo había provocado, por cómo vestía, porque nunca me negué; que golpear la pared era mejor que mi cara: quien se lastimaba nada más era él. Porque, si me engañó, fue por culpa de mi carácter. Porque los insultos sólo son palabras y ya debería haberlos superado. Por siempre ceder a su control. Porque la culpable siempre fui yo.

Por todas las veces que no pude hablar ni contarle a nadie: por miedo, por culpa, por ignorancia. Quemaré el silencio por todas aquellas que aún no encuentran las palabras, por las que aún no salen, por las que regresaron al encierro, por las que jamás volvieron.

#8M

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Morra a la mexicana

Soy esa morra llena de inseguridades: la que te escribe bonito y por dentro se está cagando de miedos. Soy la morra que te cuenta cuentos antes de irse a dormir; que se desnuda el alma con cada letra, mientras su boca recorre cada una de tus pecas. Soy esa morra a la que se le encienden los ojitos escuchando tus historias; esa que se prende cuando piensa en ti bajo las sábanas; la que te escribe poesía trillada y ordinaria.

Soy la típica morra que quiere que la veas como si nunca hubieras conocido a otra como ella; la que no se deja llevar por las apariencias, sino por los sentimientos. Soy la morra a la que le encanta desvelarse cuando le describes tus cielos y tormentas. Soy de esas morras que se emocionan con un simple «Hola» y quiere pensarte en su futuro; que te invita a cenar y a que jueguen videojuegos.

Sí, soy de esas morras… La que quiere un amor bonito mientras riegas un incendio entre sus piernas. En fin, que soy la morra que no le saca a enamorarse de ti.

Publicado en Poetry

Géminis

Soy dualidad:
rosa y oscura,
indeleble y volátil,
de vestidos y de tenis,
maquillaje y muchos libros;
yo soy lo que soy
y lo que me gusta ser.
No sé rimar
y hago rimas sin cadencia;
es locura y equilibrio,
torbellino.
Un día me rompí,
pero ahora vuelvo a estar…
Soy caricia furtiva,
inalcanzable hasta que me halle(s);
me gusta el arcoiris que soy
justo después de la tormenta.
No me canso de la vida,
me enamoro en cada risa,
casualidades infinitas.
Largas mis pestañas,
me construyo siempre
en mi propia dualidad.
Soy magia
y soy libertad.

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O(b)scuridad

Obscura,
oscura,
obscura,
oscura…
Es la forma que me trastoca,
a veces vigente, a veces arcaica.
Melocotón y durazno,
nefelibata entre sueños,
mi alma está hecha de letras,
palabras y otras piezas;
yo juego con la lengua,
la vivo, la revivo, la avivo.
La espiral no se toca
y mi vida es cuento
y yo cuento el tiempo
y el tiempo me transforma.
Soy lo que no puedo ser,
escribo sin saber lo que es,
me pierdo entre la métrica
y la rima se o(b)scurece,
se desvanece…

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Mandarinas para la niña

Para mí, era un día como cualquier otro; la única diferencia era que iríamos de visita con mis abuelos. Tenía tres años, mi hermano aún no había nacido y mi papá estaba de viaje, así que sólo estábamos mi mamá y yo. No era extraño visitar a mis abuelos; de hecho, yo lo disfrutaba sobremanera. Pero, parece ser que mi madre estaba un poco enferma y, con tal de no preocuparse mucho por mí, decidió manejar hasta Cuernavaca para quedarnos a cargo de sus padres. ¡Qué divertido! Estar con ellos era lo que toda niña podía desear: todo el día jugaban conmigo, me leían cuentos, es más, tenían una tina en el baño. Vaya, ¡una tina! Era casi como una alberca, con espumas que traían mis personajes de Disney favoritos y aromas a chicle o algodón de azúcar. Si alguien me preguntara por los momentos más felices de mi vida, definitivamente serían estos.

Pero bueno, creo que ya me estoy desviando de mi historia. El caso es que ese día, mi mamá tenía un resfriado muy fuerte; ya sabes: dolor de cabeza, ojos llorosos, escalofríos… Y el médico, aparte del coctel de medicamentos, le había recetado reposo absoluto. ¿Tienes idea de lo que es eso cuando tienes a tu cuidado a una pequeña diablilla que a todas horas demanda tu atención? Sí, bueno, yo era tranquila, pero no era más que una niña, al fin y al cabo. Así que mi mamá agarró nuestros triques y ¡vámonos a Cuernavaca! En cuanto llegamos, mis abuelos se hicieron cargo de la situación, dándole a mamá el descanso que necesitaba.

Luego de varias horas, me había quedado a solas con mi abuela. Estábamos las dos sentadas en su recámara, viendo una novela y comiendo mandarinas. Mi madre estaba dormida, por lo que no hacíamos ruido, para no molestarla. Mi abuela me pasaba una mandarina, yo la pelaba y aventaba la cáscara para atrás. ¿Cuántas mandarinas comimos? La verdad, no lo sé… Pero según mi mamá, en un momento dado se despertó y la casa estaba en completo silencio; incluso pensó que nos habíamos ido. Se levantó de puntillas y se asomó a la habitación. Levantó los ojos al cielo en cuanto vio el espectáculo que ofrecíamos mi abuela y yo: sentadas a la orilla de la cama, con un montoncito de mandarinas junto a mi abuela, mientras las cáscaras volaban en cualquier dirección y aterrizaban en la cama, los muebles y el suelo. Se rió quedito y regresó a su recámara. Ya después arreglaría mi desastre…

No, nadie nunca me regañó por eso. ¿Por qué? Bueno, porque en algún momento aprendería que tenía que tirar las cáscaras en la basura, no en el piso. Y así, cuando era pequeña, me dejaron ser.