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Universos alternos (o de las idioteces que nunca hicimos)

Abrazaré trece minutos más la almohada; guarda tu aroma, como si aún no te hubieras ido. Es como una máquina del tiempo: de pronto he vuelto a sentir la misma luna, mientras la lluvia deslava los últimos trece años. Comienzo a hilvanarlos para hacerme una cobija que me cubra las nostalgias. Creo que es hora de desahogar la historia que nunca fue, aunque ya sepamos que es ficticia.

Enlisto las preguntas que siempre quise hacerte. Tal vez un día tengas cuarenta y yo treinta y seis, pero ¿a quién le importa si te delineo la sonrisa?

  • ¿Qué es lo que te gustó de mí? «Tu risa», sé que responderás, mientras te dibujo las ganas en la cara.
  • ¿Presente o pasado? Me pregunto qué querrás responder primero. Después de todo, el futuro y el pasado se trastocan garabatos.
  • Seamos reales, sólo esta vez (y las que sigan). Hagamos algo estúpido, solamente hoy, aunque yo no tenga diecinueve ni tú veintitrés. No es una pregunta, pero igual vale la propuesta.
  • Dime algo que nunca me hayas dicho, sin pensar en los porqués; hoy sólo quiero sentirme real. Ya estoy en paz con mis decisiones, aunque mañana tenga que lidiar con los demonios.
  • Cinco es mi número mágico, y ya no sé qué preguntar. ¿Por qué yo? ¿Por qué diez años después?

Me he devanado tanto en ellas que preferí guardarlas como fetiches de lo que siempre fue. No más. Ya es tiempo de sacudir los ayeres sin quedarnos con las ganas. Quiero perderme un rato en tu boca hasta re.matar el santuario de tu recuerdo.

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Autobús hacia el futuro

Dieron las diez y tomé el último autobús a casa. Me despedí de ti en la terminal, aunque toda la tarde lo había estado haciendo. Les dije adiós a mis diecinueve y a tus veintitrés: las ausencias que nunca nombré quedaron flotando en mi mirada aunque no me quisiera ir.

238 días después y a reiniciar la cuenta en ceros; ni quién le dé tanta importancia al tiempo: sabemos que nuestro futuro es un entrelazar de caricias y sonrisas en medio de cien historias que no mencionamos. ¿Qué pasará si huyo al siguiente viaje? No importa a dónde me dirija, si en cada futuro te encontraré, me encontrarás y nos perderemos, aunque sea por un instante.

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Fragment[ad]os

Tocas el piano. Me centro en tus manos, las mismas que me recorrieron; tus dedos largos se mueven entre las teclas, imprimando la nostalgia en cada nota. Es imposible que me desborde, pero lo hago, porque eres tú y son tus manos en el piano. Y me dejas en visto, otra vez, con ese doble azul que me recuerda el miedo. I’m feeling kinda blue.

Die Zeit is schon angebrochen, and I was left with nothing. Este tiempo me encuentra en el multilingüismo, buscando la musicalidad en las palabaras: mi única herramienta para comunicarme. Entonces recuerdo: mensajes bien escritos, largos y detallados, que poco a poco dejan de lado la superficialidad de la primera charla y las banalidades cotidianas. Dejamos de ser aburridos grises; hemos conectado en medio de pequeñas ¿casualidades? Suddenly, I don’t wanna write anything more… Stop!

Ruhig, ganz ruhig, girl, y escucha el silencio… «Ah, claro, usemos ese oxímoron tan común», susurra mi autosabotaje. Bueno, entonces déjame sentir tu música en los ojos, porque, ya sabes…: la música siempre, siempre, se siente en la piel. “Love will tear us apart.” No, darling, love has already turn us apart. And I can’t feel you anymore. Y ya no puedo sentirte más. Und Ich kann dich nicht mehr fühlen. Et, merde…! Je n’en peux plus!

Entonces el sabor del vino se apodera de mi lengua; me distraigo de esa noche en la que no pude ser y que nos llevó al carajo. Y luego está el viaje programado y la incomodidad de verte obligado a ir conmigo, a pesar de que sólo estaba en tu mente. And again, double blue and I’m feeling blue. It’s a trap! No vayas ahí… Too late: las películas se / conocernos, sólo queríamos compartir nuestras soledades: between your Lovecraft and my eternal sunshine of a spotless mind. Not. Any. More.

C’es la vie, ¿qué no? Como ruleta rusa, como montaña rusa. Vaya, a los rusos sí que les gustan las emociones fuertes… A mí me falta el aire. Después de tantos años había dejado de sentir; ¡ni siquiera me había dado cuenta!, hasta que viví tu universo. De pronto vuelvo a ser the one who still believes in magic.

Lolita. Dejé de verla a ella para verte a ti. Volví a amar la lectura por placer. Volví a amar un libro. Descubrí los secretos de la noche entre sus páginas, susurrándome los significados que tú le dabas. Allí supe de tu magia. Me hablabas a través de las películas, pero no me era un lenguaje familiar y me costó trabajo descifrar; es más, aún sigo buscando el hilo blanco en medio de tu laberinto. La paciencia se esfumó y huiste en medio del silencio.

El dolor rompió en forma de relámpago lacerante. Dejé que la lluvia mojara mis penas en medio de los lugares comunes y se abriera paso entre las grietas doblegadas por las lágrimas. Tocas el piano. La música se infiltra por mis doquieres: sesgada y a trompicones. I don’t wanna feel you anymore. I don’t wanna miss a thing, no mientras mi voz abraza tu voz, fluyendo en sintonía. Porque es mi favorita. Porque yo no era demasiado. En cambio, dejé que mis inseguridades se metieran entre lo que éramos. Nos fuimos a la chingada…; sin embargo, sigo creyendo en la magia. Esto es el amor en tiempos de Tinder.

Podría verte tocar el piano una y otra y otra vez. Even if it wasn’t meant to be. Even if time was not fucking right. Es que nadie se enamora en la primera noche, o al menos es te pasa sólo una vez en la vida. Creíste que no te había escuchado cuando me dijiste que me quedara. Sabía que quería quedarme y nos dieron las tres de la mañana. Al igual que el para siempre, sé que te quedarás, even if you won’t stay.

Orgasmos mentales. Alcohol y luces psicodélicas. No fuimos mucho, después de todo. Al menos no más de lo que quisimos. Ya no. Sólo te extraño, aunque hayamos dejado de ser. I’m sooo wasted, y no debería. De pronto, vuelvo a esa maldita noche en la que me inhibí: cuando mi estúpida sensatez se protegió con la excusa de querer descubrir todos tus recovecos. Ay, la prosa…, no está…. No fluyó bien… No sé, el alcohol no ayuda. Niemals. Sólo desvarío con tu piel y el vértigo de quererte. Always. I should really, REALLY, stop! Scheiße! Mis pesares se disuelven en la nada. I started the fire. Feuer!

Observo cómo las letras escritas a lápiz —con premura, nervios, adrenalina— se desvanecen en cenizas: tu dedicatoria ya no está. Hasta ella me abandona. Un día a la vez. «No. Más. De. Ti». Let the ghost exist.

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Rompecabezas

Intentaba escribir un poema, aunque un millón de palabras se me han atorado entre los dedos: colapsé en medio de todo lo que te quiero decir. Eres la razón por la que no ha funcionado con nadie más. Ya no quiero hablar de las estrategias que armé para evitarte; de hecho, he perdido la noción de quién busca a quién. Quiero romper los nudos y besarte después, reparar las grietas y nunca más alejarme.

Sabía que era una mala idea buscarnos; pero valgo tanta madre que siempre terminamos encontrándonos. Quiero huir… y que huyas conmigo. Sé que no lo harás: de postre no se sobrevive. ¿Sabes qué?, a la mierda la moral: sólo quiero des.ahogarme un poco entre tus piernas y amanecer en tu sonrisa. Quiero, quiero, quiero. Ya no quiero mentir.me más, porque siempre has sido quien me hizo creer en la magia.

Deshacer el rompecabezas una y otra vez. Nunca ser demasiado. Ser felices. Recorrer el infinito de tus a.brazos mientras la luna se recrea en mi cintura. Hilar los recuerdos, uno por uno, como cada domingo en la madrugada. Vagar por los balcones, buscando el fantasma de tu sonrisa. Hablar en infinitivo, porque no hemos vuelto a ser desde que te llevaste tus promesas en aquel taxi. La lista de adioses aún no se termina: ya me cansé de buscarte en otros rostros.

Otra pieza más que dejaste aquí: «Si pudiera, congelaría ese instante para volverlo eterno». He desgastado tanto esas palabras… Sé que se cumplieron, al menos en mi mente. Aún quiero. Sí, en presente, tanto como en pasado. Mensaje tras mensaje, el corazón ha vuelto a latir. Hay una chispa en la distancia: ¿tal vez sí, después de todo?

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Hortensias para no olvidar

¿Aún recuerdas cuando me preguntaste si ese amor ya había muerto? La respuesta siempre fue no, pero me daba miedo. Teníamos nuestra flor y una canción; momentos cursis, sonrisas fugaces. Las calles de Cuernavaca se encuentran impregnadas de ti, siguen siendo mis lugares favoritos.

Traté de sobreponer otras burbujas, otras palomas, otras risas, otras bocas. Es inútil: me vuelvo imbécil cuando se trata de ti. Ya ni siquiera paso por ese hotel; las piernas me tiemblan, me muerdo los labios y mi pulso se acelera: siempre será nuestra primera vez.

El alfabeto no me alcanza para decirte lo que quiero, que te… No, mejor olvídalo. Ya no sé quién eres y tampoco sabes quién soy yo. El tiempo y la distancia no convergen, las nostalgias se desvanecen… Mis sentidos se despiertan: mis manos comienzan a buscarte entre mis pliegues.

Deseo y frenesí, caricias frías justo antes de partir. Me vuelvo Erató y Erato te llamo. Un viaje al mar, te escribo mejor: me transformé en diosa y tú regresaste al mito; no más culto por rendirte. Después de la tormenta, sólo quedan los hubiera y las sillas en el porche. Deshojo las hortensias, confundidas con mis ganas de no olvidar.

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De las noches que despierto sin ti

Abro el cajón de mi buró: las palabras comienzan a golpearme. No tienen remitente; pero qué más da, si no lo necesito. Las he grabado en cada grieta de mi cuerpo mientras te buscaba a través de mis noches insomnes. Los años pasan y la luna en mi muñeca confirma que siempre fue tu magia.

¿Cuántas veces he escuchado que el tiempo lo cura todo? Nunca he dejado de llover, sobre todo cuando me buscas en mis sueños. Sé que no puede ser amor, sólo me arrepiento; sin embargo, si el mundo terminara mañana, tal vez quieras venir y ver el atardecer que nunca vimos. El último beso, un postre final, que el incendio de tu boca nos consuma.

Construí un muro contra ti. Por lo visto, jamás funcionó. Y el hubiera siempre será nuestro hilo rojo. Avanzo y mi brújula te señala: soy obstinada y me dirijo al lado contrario. Saber que siempre serás el que se fue no me deja respirar. Me escondo detrás de tu piel, me reflejo en tu sonrisa. ¿Dónde nos perdimos? Nadie quiere hablar del miedo que da sentir, del terror por el futuro juntos que nada más imaginamos, porque aún éramos jóvenes.

Quise pedirte que te quedaras, a pesar de tener diecinueve, veintidós y hasta veintiséis. A mis treinta ya es muy tarde. Hemos dejado de ser, aunque seguimos buscándonos. Hay cicatrices que siempre dolerán, lo sé. Tu ciudad no guarda mi fantasma; pero yo aquí te siento en cada quiosco, en cada burbuja, en cada nieve… Nunca vencimos al adiós.

Publicado en Poetry

Pizca de amor

Mendigo palabras y gestos dulces:
lugares comunes, espiral.
Palabras al azar.
Mar.
Sal.
Gaviota.
Colibrí.
Miel.

Y entonces recuerdo la madera de su piel.
Luna.
Nubes.
Balcón.
Dolor.
Olvido.
Abuela.
Margarita.
Sí, así es mejor.

Por un instante dejé de ser la misma. Al menos sigo siendo quien me gusta ser. No necesito rima ni refugio: soy mi propio caos y fortaleza.

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#8M2021

Porque me llamó loca, histérica, enferma, exagerada. Porque me dijeron que yo lo había provocado, por cómo vestía, porque nunca me negué; que golpear la pared era mejor que mi cara: quien se lastimaba nada más era él. Porque, si me engañó, fue por culpa de mi carácter. Porque los insultos sólo son palabras y ya debería haberlos superado. Por siempre ceder a su control. Porque la culpable siempre fui yo.

Por todas las veces que no pude hablar ni contarle a nadie: por miedo, por culpa, por ignorancia. Quemaré el silencio por todas aquellas que aún no encuentran las palabras, por las que aún no salen, por las que regresaron al encierro, por las que jamás volvieron.

#8M

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Razones para no volver

27 de septiembre de 2019

Estoy frente a la máquina de escribir y una hoja en blanco. Entre la nostalgia de esta fecha y mi shot  hormonal, comienzo a enlistar los diez motivos por los que no es una buena idea que volvamos:

  1. Éramos demasiado impulsivos.
  2. Nos amábamos en medio de otras historias.
  3. El miedo de que no funcionara.
  4. Las risas: antes, después y durante.
  5. Los adioses a medias, jamás definitivos.
  6. Neruda y su manía de escribir los versos más tristes todas las noches.
  7. Cuatro noches invictas en mi lista de noches favoritas. Y debo confesarte algo: diez años después, sólo tengo cinco.
  8. Perseguir palomas en el kiosko.
  9. La sonrisa que tenías conmigo y que guardé en las fotos que no se perdieron.
  10. Todos los viajes y los postres que nos faltaron por hacer.

En realidad, estaba buscando las razones para soltarte, hasta que me di cuenta de que las anteriores eran las mismas para buscarte. Y heme aquí, lamentando que el miedo fuera más grande que el amor. Sí, como los clichés que tanto odiabas. Es que nuestra ruptura sonaba a Katy Perry.

Al menos tengo una idea clara: he decidido romsolt… aflojar el hilo que nos ataba. Me costó escribirlo. Pensé que lo tenía claro, pero ya ves que no. Lo borré varias veces hasta que me convencí de que era lo mejor. En medio de tanta incertidumbre, dejaré la rendija abierta para un tal vez. Al menos sé que he vuelto a creer en la magia, incluso en otros balcones.

Tuya,
la que siempre te hizo reír.

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Mi abuela

Comer cajeta a cucharadas es recordar a mi abuela. La abuela Blanca como Margarita, que odiaba el diminutivo «abuelita», porque se sentía chiquita y arrugada. La del porte de gran señora, con su abrigo rojo caminando por las calles de París. La que se comía mis paletas Payaso y me hacía sopa de fideo todos los domingos. La de sangre española con corazón de mexicana. La que me llevaba a Santa Clara por helado de menta con chocolate, mi amada abuela. La coqueta que les lanzaba piropos a los muchachos en la calle y hacía que mi mamá deseara no estar por ahí. La que un día comenzó a olvidar, cuando yo aún era pequeña y no podía entender los porqués del alemán. La que dejó su aroma en la casa y su aura alrededor de mí.

Dicen que me parezco a ella, y yo siempre he querido ser así. Los días que más la extraño me birlo los dulces o una cucharada de azúcar de la alacena, pues así me enseñó a comerla. También aprendí de ella a comer croquetas, salsa blanca y todos los postres del mundo; a usar joyas, aunque fueran de fantasía, y reír a carcajadas, libre y sincera. Después de tantos años sin ella, no hay día que no la recuerde; pero cuando como cajeta, se vuelve mi cómplice y me siento otra vez cerca de ella.