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Aprendiendo de amor en el camino

Tal vez el amor se trata de [des]aprender quiénes somos, mientras tejemos nuevas historias y desanudamos los clichés. Amarte siempre es lo mejor: rentar casas en la luna, doblarse de risa hasta dolernos la panza, los gritos de nutria loca, explicarme tus juegos aunque no los entienda, los jokeis de la felicidad, ver chinitos en la tele, quedarse dormida porque me siento segura, contarte mis libros, activar el modo embidia, perderle el miedo al mal humor, los días malos llenos de oscuridad, los días de lluvia, las tristezas con sus lágrimas, brillar como lucecitas de Navidad, aprender a nadar, buscar casitas aquí y allá, renegar de la distancia, compartir la última papa, dinosaurios por todos lados, cuidar del miedo a las alturas, abrazar a nuestros niños interiores… Poder ser mientras somos.

Tal vez el amor era esto que nunca nos enseñaron: construir la relación que necesitamos; cuidarnos mutuamente hasta sentirnos seguros; sanar con abrazos, palabras dulces y conversaciones incómodas, y sentirnos orgullosos de cada uno de nuestros logros. El amor no tiene por qué ser un desastre natural: adiós al naufragio y a los terremotos. Te elijo en cada espejo y en cada reflejo, es que ahora el amor me sabe a calma, con las mariposas en libertad.

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Universos alternos (o de las idioteces que nunca hicimos)

Abrazaré trece minutos más la almohada; guarda tu aroma, como si aún no te hubieras ido. Es como una máquina del tiempo: de pronto he vuelto a sentir la misma luna, mientras la lluvia deslava los últimos trece años. Comienzo a hilvanarlos para hacerme una cobija que me cubra las nostalgias. Creo que es hora de desahogar la historia que nunca fue, aunque ya sepamos que es ficticia.

Enlisto las preguntas que siempre quise hacerte. Tal vez un día tengas cuarenta y yo treinta y seis, pero ¿a quién le importa si te delineo la sonrisa?

  • ¿Qué es lo que te gustó de mí? «Tu risa», sé que responderás, mientras te dibujo las ganas en la cara.
  • ¿Presente o pasado? Me pregunto qué querrás responder primero. Después de todo, el futuro y el pasado se trastocan garabatos.
  • Seamos reales, sólo esta vez (y las que sigan). Hagamos algo estúpido, solamente hoy, aunque yo no tenga diecinueve ni tú veintitrés. No es una pregunta, pero igual vale la propuesta.
  • Dime algo que nunca me hayas dicho, sin pensar en los porqués; hoy sólo quiero sentirme real. Ya estoy en paz con mis decisiones, aunque mañana tenga que lidiar con los demonios.
  • Cinco es mi número mágico, y ya no sé qué preguntar. ¿Por qué yo? ¿Por qué diez años después?

Me he devanado tanto en ellas que preferí guardarlas como fetiches de lo que siempre fue. No más. Ya es tiempo de sacudir los ayeres sin quedarnos con las ganas. Quiero perderme un rato en tu boca hasta re.matar el santuario de tu recuerdo.

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Re.encuentro

De tu lengua una delicia,
de tus ojos mi codicia:
sentir el mar sin su lamento
ni más postres venideros.

Romper la rima que trasciende empalagosa, porque de chicles y algodones ya no quiero otros amores. Y ahí voy, descubriendo los retazos de esta vida que me reta y me revuelve y caótica me encuentra: seré canela, azafrán y hierbabuena, magia y tormenta.

Déjame suspirar entre tu lengua,
tremor volátil que enciende;
danzar entre letras y placeres:
arrollo los adioses trastocados.

Tal vez nunca entienda tu propósito, Cupido, pero me vale el sentido. Quiero brillar y ser yo cuando me enamoro de cada par de ojos que me enseñan universos. Retozar entre caricias rotas y trocarnos eternos a mi manera. Seré real: en esta vida y en las siguientes.

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Entre lunas y luciérnagas

Me enamoré de la luna mucho antes de encontrar su reflejo en tu mirada. Puedo hablar de ella y sus instantes; de las magias y todas mis nostalgias, y de esas manos que una vez sembraron fuego y luz y estrellas. Resurjo entre quereres: fuiste y no, fui y no, fuimos, y ya.

Empiezo a buscarle el sentido al galimatías, como si hacer el amor lo tuviera. Ya mejor busco magia en otras manos: se me ha abierto el abanico de las posibilidades. ¿Y si mejor recurro a lo obsceno de los lugares comunes?, porque la inventiva se me perdió mientras te disipas en tu ayer.

Ya los 11:11 han cuarteado tu recuerdo. Es la misma luna, aunque he dejado de buscarte en ella: ya no quiero dedicarla sin ton ni son porque me gusta más esa otra sintonía. Deshago el rompecabezas: ya no faltan piezas ni brillos ni estrellas.

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Autobús hacia el futuro

Dieron las diez y tomé el último autobús a casa. Me despedí de ti en la terminal, aunque toda la tarde lo había estado haciendo. Les dije adiós a mis diecinueve y a tus veintitrés: las ausencias que nunca nombré quedaron flotando en mi mirada aunque no me quisiera ir.

238 días después y a reiniciar la cuenta en ceros; ni quién le dé tanta importancia al tiempo: sabemos que nuestro futuro es un entrelazar de caricias y sonrisas en medio de cien historias que no mencionamos. ¿Qué pasará si huyo al siguiente viaje? No importa a dónde me dirija, si en cada futuro te encontraré, me encontrarás y nos perderemos, aunque sea por un instante.

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Fragment[ad]os

Tocas el piano. Me centro en tus manos, las mismas que me recorrieron; tus dedos largos se mueven entre las teclas, imprimando la nostalgia en cada nota. Es imposible que me desborde, pero lo hago, porque eres tú y son tus manos en el piano. Y me dejas en visto, otra vez, con ese doble azul que me recuerda el miedo. I’m feeling kinda blue.

Die Zeit is schon angebrochen, and I was left with nothing. Este tiempo me encuentra en el multilingüismo, buscando la musicalidad en las palabaras: mi única herramienta para comunicarme. Entonces recuerdo: mensajes bien escritos, largos y detallados, que poco a poco dejan de lado la superficialidad de la primera charla y las banalidades cotidianas. Dejamos de ser aburridos grises; hemos conectado en medio de pequeñas ¿casualidades? Suddenly, I don’t wanna write anything more… Stop!

Ruhig, ganz ruhig, girl, y escucha el silencio… «Ah, claro, usemos ese oxímoron tan común», susurra mi autosabotaje. Bueno, entonces déjame sentir tu música en los ojos, porque, ya sabes…: la música siempre, siempre, se siente en la piel. “Love will tear us apart.” No, darling, love has already turn us apart. And I can’t feel you anymore. Y ya no puedo sentirte más. Und Ich kann dich nicht mehr fühlen. Et, merde…! Je n’en peux plus!

Entonces el sabor del vino se apodera de mi lengua; me distraigo de esa noche en la que no pude ser y que nos llevó al carajo. Y luego está el viaje programado y la incomodidad de verte obligado a ir conmigo, a pesar de que sólo estaba en tu mente. And again, double blue and I’m feeling blue. It’s a trap! No vayas ahí… Too late: las películas se / conocernos, sólo queríamos compartir nuestras soledades: between your Lovecraft and my eternal sunshine of a spotless mind. Not. Any. More.

C’es la vie, ¿qué no? Como ruleta rusa, como montaña rusa. Vaya, a los rusos sí que les gustan las emociones fuertes… A mí me falta el aire. Después de tantos años había dejado de sentir; ¡ni siquiera me había dado cuenta!, hasta que viví tu universo. De pronto vuelvo a ser the one who still believes in magic.

Lolita. Dejé de verla a ella para verte a ti. Volví a amar la lectura por placer. Volví a amar un libro. Descubrí los secretos de la noche entre sus páginas, susurrándome los significados que tú le dabas. Allí supe de tu magia. Me hablabas a través de las películas, pero no me era un lenguaje familiar y me costó trabajo descifrar; es más, aún sigo buscando el hilo blanco en medio de tu laberinto. La paciencia se esfumó y huiste en medio del silencio.

El dolor rompió en forma de relámpago lacerante. Dejé que la lluvia mojara mis penas en medio de los lugares comunes y se abriera paso entre las grietas doblegadas por las lágrimas. Tocas el piano. La música se infiltra por mis doquieres: sesgada y a trompicones. I don’t wanna feel you anymore. I don’t wanna miss a thing, no mientras mi voz abraza tu voz, fluyendo en sintonía. Porque es mi favorita. Porque yo no era demasiado. En cambio, dejé que mis inseguridades se metieran entre lo que éramos. Nos fuimos a la chingada…; sin embargo, sigo creyendo en la magia. Esto es el amor en tiempos de Tinder.

Podría verte tocar el piano una y otra y otra vez. Even if it wasn’t meant to be. Even if time was not fucking right. Es que nadie se enamora en la primera noche, o al menos es te pasa sólo una vez en la vida. Creíste que no te había escuchado cuando me dijiste que me quedara. Sabía que quería quedarme y nos dieron las tres de la mañana. Al igual que el para siempre, sé que te quedarás, even if you won’t stay.

Orgasmos mentales. Alcohol y luces psicodélicas. No fuimos mucho, después de todo. Al menos no más de lo que quisimos. Ya no. Sólo te extraño, aunque hayamos dejado de ser. I’m sooo wasted, y no debería. De pronto, vuelvo a esa maldita noche en la que me inhibí: cuando mi estúpida sensatez se protegió con la excusa de querer descubrir todos tus recovecos. Ay, la prosa…, no está…. No fluyó bien… No sé, el alcohol no ayuda. Niemals. Sólo desvarío con tu piel y el vértigo de quererte. Always. I should really, REALLY, stop! Scheiße! Mis pesares se disuelven en la nada. I started the fire. Feuer!

Observo cómo las letras escritas a lápiz —con premura, nervios, adrenalina— se desvanecen en cenizas: tu dedicatoria ya no está. Hasta ella me abandona. Un día a la vez. «No. Más. De. Ti». Let the ghost exist.

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Perder para encontrarse

Perdida en la nada, sin sombra ni luz. Reconstruyendo el dolor de la despedida, una y otra y otra vez sin saber salir. Enredada en el laberinto de los adioses. Diez años, cuatro meses, la nada. Gris, dolor, no hay dónde esconderse.

Que nadie me diga maravillosa, porque he dejado de serlo. Abotagada de grises, embotada en el vacío. La nada. He dejado de sentir: las caricias se desvanecen en los vacíos. El vacío del adiós. Ya nada queda y me re.re.re.repito: bucle infinito, que no se acaba, que no se rompe…, las ganas han dejado de existir. Es que… ya no quiero volver a sentir.

(…)

Tuve que perderme para volver a encontrarme. Páginas y páginas de otras historias, libros que sacuden el alma para desempolvar quien soy. Vuelvo al cero, a la nada: resurgir del silencio y colmar los vacíos con risas y arcoíris. El tiempo no cura ni madres, pero tampoco se detiene: siempre recordaré, siempre seré real. Extraño sentir.

Volver a pintar fantasías en las flores. La esperanza se ha vuelto de fresa. Anhelar más lunas, más magia; florecer en primavera una y otra vez, sin miedos, sin ti, contigo, con sueños, con…, sin…, deshojando margaritas. Añorar la calma y el hogar.

Respirar. Uno. Tú. Dos. Yo. Tres. Perdida. Cuatro. Encuentro. Cinco. Yo. Seis. Yo. Siete. Yo, siempre yo.

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Two universes collided

¿Me dejas imaginar futuros contigo?, ¿colisionar nuestros universos mientras nos miramos a los ojos?, ¿perdernos en el camino sin fijar un para siempre? Es que quisiera planear nuestros siguientes inviernos construyendo sus cimientos. Anhelo envolverme en tu infinito, despertando nuestras galaxias en la piel. Llevaré enredadas en mi pelo tus caricias y las guardaré para los pedacitos de vida en que no estás.

Porque quiero elegirte cada día, aprender a desterrar los miedos y ser calma y hogar y deseos. Me ganan las ganas de ser contigo, de intentarlo siempre, de ceder a tu risa que se ha vuelto mi favorita… Quiero anudarme a tu pecho, diluirme en tu boca, encontrarme en tu mirada todas las veces: paz, calma, sosiego. Estoy cansada de los besos clandestinos y las promesas contradichas. Quiero que seas mi próximo refugio: navegar entre tus piernas mientras te vuelves tormenta y se disuelven nuestros miedos.

A veces pienso en lo lindo que sería acostarnos a contar estrellas, mientras beso cada huella de tu cuerpo. Parasiempres que duran una noche… o toda la vida: si te soy sincera, sí quiero todo contigo.

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Los lunares de tu pecho

Soñé que volvía a besar uno a uno tus lunares, entretejiendo tus risas con la mía. Empiezan a sobrarme las razones para buscarte en cada piel morena en la que navego a las tres de la mañana. Estoy repitiendo la misma fórmula de siempre, porque odio escribirte cuando no me lees. Beber directamente de la botella; no vaya a ser que decidas aparecer, etéreo, mientras busco entre otras magias.

Ya no hay más sensualidad escondida ni causas dirigidas: déjame encallar entre tus piernas, aunque no seamos infinitos. He tirado los recuerdos y quemado las fotografías; ya no quiero ver más letras que te dancen. Escapar del laberinto, porque el amor no es Minotauro ni yo tu Teseo. He fallado deshaciendo los nudos. Cambiaré mejor la madeja…

Adiós: a lo que fuimos y que nunca volveremos a ser. Ningún 11:11 ha de salvarnos. Ninguna luna volverá a conjurar nuestra magia. Basta de desear lo imposible; anhelos obtusos de tu boca y la mía, jugando a ser uno que son dos. Confina las lágrimas, que nunca habrá otra primera vez. Imbuyámonos en un último nosotros; me urge desbordarme de tus caricias sin que repitas mi nombre. Comenzaré a mezclar otros para siempre, como la noche de Pulp y Aerosmith o en el mirador de las nostalgias adolescentes.

Sé que he dicho muchas mentiras; ésa de odiarte y cortar el hilo es una de las más grandes. Entonces me llega la contradicción: jamás seremos absolutos. Antagonizar el adiós que nunca llega y el naufragio en tus caricias. Repasar los daños y el nombre que susurro todas las noches. Vulnerar las grietas e irrumpir sin más. Tres mil cuatrocientas cincuenta y tres…, cuatro…, cinco… Aún no me he rendido. He convertido mi cuerpo en un lienzo para no olvidar.

No hay playa que no suspire tu nombre ni deseos que no lleven el mío. Te he escrito por diez años, reconociéndote en cada uno de mis pedazos. Danzar en el aire, espiral, nube y espuma. Deberíamos hacerlo una última vez. Y luego otra. Incluso hacerlo todas las veces que necesitemos, aunque rompamos el acuerdo. Anidemos en la luna, mientras des[em]bocas en mi cintura. Todo se ha vuelto nada y yo no sé dónde pisar.