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Perder para encontrarse

Perdida en la nada, sin sombra ni luz. Reconstruyendo el dolor de la despedida, una y otra y otra vez sin saber salir. Enredada en el laberinto de los adioses. Diez años, cuatro meses, la nada. Gris, dolor, no hay dónde esconderse.

Que nadie me diga maravillosa, porque he dejado de serlo. Abotagada de grises, embotada en el vacío. La nada. He dejado de sentir: las caricias se desvanecen en los vacíos. El vacío del adiós. Ya nada queda y me re.re.re.repito: bucle infinito, que no se acaba, que no se rompe…, las ganas han dejado de existir. Es que… ya no quiero volver a sentir.

(…)

Tuve que perderme para volver a encontrarme. Páginas y páginas de otras historias, libros que sacuden el alma para desempolvar quien soy. Vuelvo al cero, a la nada: resurgir del silencio y colmar los vacíos con risas y arcoíris. El tiempo no cura ni madres, pero tampoco se detiene: siempre recordaré, siempre seré real. Extraño sentir.

Volver a pintar fantasías en las flores. La esperanza se ha vuelto de fresa. Anhelar más lunas, más magia; florecer en primavera una y otra vez, sin miedos, sin ti, contigo, con sueños, con…, sin…, deshojando margaritas. Añorar la calma y el hogar.

Respirar. Uno. Tú. Dos. Yo. Tres. Perdida. Cuatro. Encuentro. Cinco. Yo. Seis. Yo. Siete. Yo, siempre yo.

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Two universes collided

¿Me dejas imaginar futuros contigo?, ¿colisionar nuestros universos mientras nos miramos a los ojos?, ¿perdernos en el camino sin fijar un para siempre? Es que quisiera planear nuestros siguientes inviernos construyendo sus cimientos. Anhelo envolverme en tu infinito, despertando nuestras galaxias en la piel. Llevaré enredadas en mi pelo tus caricias y las guardaré para los pedacitos de vida en que no estás.

Porque quiero elegirte cada día, aprender a desterrar los miedos y ser calma y hogar y deseos. Me ganan las ganas de ser contigo, de intentarlo siempre, de ceder a tu risa que se ha vuelto mi favorita… Quiero anudarme a tu pecho, diluirme en tu boca, encontrarme en tu mirada todas las veces: paz, calma, sosiego. Estoy cansada de los besos clandestinos y las promesas contradichas. Quiero que seas mi próximo refugio: navegar entre tus piernas mientras te vuelves tormenta y se disuelven nuestros miedos.

A veces pienso en lo lindo que sería acostarnos a contar estrellas, mientras beso cada huella de tu cuerpo. Parasiempres que duran una noche… o toda la vida: si te soy sincera, sí quiero todo contigo.

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Los lunares de tu pecho

Soñé que volvía a besar uno a uno tus lunares, entretejiendo tus risas con la mía. Empiezan a sobrarme las razones para buscarte en cada piel morena en la que navego a las tres de la mañana. Estoy repitiendo la misma fórmula de siempre, porque odio escribirte cuando no me lees. Beber directamente de la botella; no vaya a ser que decidas aparecer, etéreo, mientras busco entre otras magias.

Ya no hay más sensualidad escondida ni causas dirigidas: déjame encallar entre tus piernas, aunque no seamos infinitos. He tirado los recuerdos y quemado las fotografías; ya no quiero ver más letras que te dancen. Escapar del laberinto, porque el amor no es Minotauro ni yo tu Teseo. He fallado deshaciendo los nudos. Cambiaré mejor la madeja…

Adiós: a lo que fuimos y que nunca volveremos a ser. Ningún 11:11 ha de salvarnos. Ninguna luna volverá a conjurar nuestra magia. Basta de desear lo imposible; anhelos obtusos de tu boca y la mía, jugando a ser uno que son dos. Confina las lágrimas, que nunca habrá otra primera vez. Imbuyámonos en un último nosotros; me urge desbordarme de tus caricias sin que repitas mi nombre. Comenzaré a mezclar otros para siempre, como la noche de Pulp y Aerosmith o en el mirador de las nostalgias adolescentes.

Sé que he dicho muchas mentiras; ésa de odiarte y cortar el hilo es una de las más grandes. Entonces me llega la contradicción: jamás seremos absolutos. Antagonizar el adiós que nunca llega y el naufragio en tus caricias. Repasar los daños y el nombre que susurro todas las noches. Vulnerar las grietas e irrumpir sin más. Tres mil cuatrocientas cincuenta y tres…, cuatro…, cinco… Aún no me he rendido. He convertido mi cuerpo en un lienzo para no olvidar.

No hay playa que no suspire tu nombre ni deseos que no lleven el mío. Te he escrito por diez años, reconociéndote en cada uno de mis pedazos. Danzar en el aire, espiral, nube y espuma. Deberíamos hacerlo una última vez. Y luego otra. Incluso hacerlo todas las veces que necesitemos, aunque rompamos el acuerdo. Anidemos en la luna, mientras des[em]bocas en mi cintura. Todo se ha vuelto nada y yo no sé dónde pisar.

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Infinit[iv]os sin marca de tiempo

Sentir paz y mariposas. Reír hasta cerrar los ojos, enredada en instantes más que fugaces. Saborear la magia en una sonrisa. Infinit[iv]os sin marca de tiempo. Saltar del arcoíris hacia la incertidumbre del qué-pasará.

Viajar de imprevisto, persiguiendo la luna. Destello que habita en tus ojos y juguetea con mi cadera: desafiar el placer del instante para que nada sea casual. Querer recorrer el universo con las manos.

Desear mojarse bajo la lluvia mientras cuidan de ti, sumando clichés entre el vaivén de tus piernas. Confiar en nuevos futuros, porque esto es vida y hay que darlo todo con la mayor entrega. Decirles adiós a las noches nubladas y cambiarlas por otros lunares. Dejarse ser en medio de la nada.

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Rompecabezas

Intentaba escribir un poema, aunque un millón de palabras se me han atorado entre los dedos: colapsé en medio de todo lo que te quiero decir. Eres la razón por la que no ha funcionado con nadie más. Ya no quiero hablar de las estrategias que armé para evitarte; de hecho, he perdido la noción de quién busca a quién. Quiero romper los nudos y besarte después, reparar las grietas y nunca más alejarme.

Sabía que era una mala idea buscarnos; pero valgo tanta madre que siempre terminamos encontrándonos. Quiero huir… y que huyas conmigo. Sé que no lo harás: de postre no se sobrevive. ¿Sabes qué?, a la mierda la moral: sólo quiero des.ahogarme un poco entre tus piernas y amanecer en tu sonrisa. Quiero, quiero, quiero. Ya no quiero mentir.me más, porque siempre has sido quien me hizo creer en la magia.

Deshacer el rompecabezas una y otra vez. Nunca ser demasiado. Ser felices. Recorrer el infinito de tus a.brazos mientras la luna se recrea en mi cintura. Hilar los recuerdos, uno por uno, como cada domingo en la madrugada. Vagar por los balcones, buscando el fantasma de tu sonrisa. Hablar en infinitivo, porque no hemos vuelto a ser desde que te llevaste tus promesas en aquel taxi. La lista de adioses aún no se termina: ya me cansé de buscarte en otros rostros.

Otra pieza más que dejaste aquí: «Si pudiera, congelaría ese instante para volverlo eterno». He desgastado tanto esas palabras… Sé que se cumplieron, al menos en mi mente. Aún quiero. Sí, en presente, tanto como en pasado. Mensaje tras mensaje, el corazón ha vuelto a latir. Hay una chispa en la distancia: ¿tal vez sí, después de todo?

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Hortensias para no olvidar

¿Aún recuerdas cuando me preguntaste si ese amor ya había muerto? La respuesta siempre fue no, pero me daba miedo. Teníamos nuestra flor y una canción; momentos cursis, sonrisas fugaces. Las calles de Cuernavaca se encuentran impregnadas de ti, siguen siendo mis lugares favoritos.

Traté de sobreponer otras burbujas, otras palomas, otras risas, otras bocas. Es inútil: me vuelvo imbécil cuando se trata de ti. Ya ni siquiera paso por ese hotel; las piernas me tiemblan, me muerdo los labios y mi pulso se acelera: siempre será nuestra primera vez.

El alfabeto no me alcanza para decirte lo que quiero, que te… No, mejor olvídalo. Ya no sé quién eres y tampoco sabes quién soy yo. El tiempo y la distancia no convergen, las nostalgias se desvanecen… Mis sentidos se despiertan: mis manos comienzan a buscarte entre mis pliegues.

Deseo y frenesí, caricias frías justo antes de partir. Me vuelvo Erató y Erato te llamo. Un viaje al mar, te escribo mejor: me transformé en diosa y tú regresaste al mito; no más culto por rendirte. Después de la tormenta, sólo quedan los hubiera y las sillas en el porche. Deshojo las hortensias, confundidas con mis ganas de no olvidar.

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De las noches que despierto sin ti

Abro el cajón de mi buró: las palabras comienzan a golpearme. No tienen remitente; pero qué más da, si no lo necesito. Las he grabado en cada grieta de mi cuerpo mientras te buscaba a través de mis noches insomnes. Los años pasan y la luna en mi muñeca confirma que siempre fue tu magia.

¿Cuántas veces he escuchado que el tiempo lo cura todo? Nunca he dejado de llover, sobre todo cuando me buscas en mis sueños. Sé que no puede ser amor, sólo me arrepiento; sin embargo, si el mundo terminara mañana, tal vez quieras venir y ver el atardecer que nunca vimos. El último beso, un postre final, que el incendio de tu boca nos consuma.

Construí un muro contra ti. Por lo visto, jamás funcionó. Y el hubiera siempre será nuestro hilo rojo. Avanzo y mi brújula te señala: soy obstinada y me dirijo al lado contrario. Saber que siempre serás el que se fue no me deja respirar. Me escondo detrás de tu piel, me reflejo en tu sonrisa. ¿Dónde nos perdimos? Nadie quiere hablar del miedo que da sentir, del terror por el futuro juntos que nada más imaginamos, porque aún éramos jóvenes.

Quise pedirte que te quedaras, a pesar de tener diecinueve, veintidós y hasta veintiséis. A mis treinta ya es muy tarde. Hemos dejado de ser, aunque seguimos buscándonos. Hay cicatrices que siempre dolerán, lo sé. Tu ciudad no guarda mi fantasma; pero yo aquí te siento en cada quiosco, en cada burbuja, en cada nieve… Nunca vencimos al adiós.

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Pizca de amor

Mendigo palabras y gestos dulces:
lugares comunes, espiral.
Palabras al azar.
Mar.
Sal.
Gaviota.
Colibrí.
Miel.

Y entonces recuerdo la madera de su piel.
Luna.
Nubes.
Balcón.
Dolor.
Olvido.
Abuela.
Margarita.
Sí, así es mejor.

Por un instante dejé de ser la misma. Al menos sigo siendo quien me gusta ser. No necesito rima ni refugio: soy mi propio caos y fortaleza.

Publicado en No ficción

#8M2021

Porque me llamó loca, histérica, enferma, exagerada. Porque me dijeron que yo lo había provocado, por cómo vestía, porque nunca me negué; que golpear la pared era mejor que mi cara: quien se lastimaba nada más era él. Porque, si me engañó, fue por culpa de mi carácter. Porque los insultos sólo son palabras y ya debería haberlos superado. Por siempre ceder a su control. Porque la culpable siempre fui yo.

Por todas las veces que no pude hablar ni contarle a nadie: por miedo, por culpa, por ignorancia. Quemaré el silencio por todas aquellas que aún no encuentran las palabras, por las que aún no salen, por las que regresaron al encierro, por las que jamás volvieron.

#8M