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Aprendiendo de amor en el camino

Tal vez el amor se trata de [des]aprender quiénes somos, mientras tejemos nuevas historias y desanudamos los clichés. Amarte siempre es lo mejor: rentar casas en la luna, doblarse de risa hasta dolernos la panza, los gritos de nutria loca, explicarme tus juegos aunque no los entienda, los jokeis de la felicidad, ver chinitos en la tele, quedarse dormida porque me siento segura, contarte mis libros, activar el modo embidia, perderle el miedo al mal humor, los días malos llenos de oscuridad, los días de lluvia, las tristezas con sus lágrimas, brillar como lucecitas de Navidad, aprender a nadar, buscar casitas aquí y allá, renegar de la distancia, compartir la última papa, dinosaurios por todos lados, cuidar del miedo a las alturas, abrazar a nuestros niños interiores… Poder ser mientras somos.

Tal vez el amor era esto que nunca nos enseñaron: construir la relación que necesitamos; cuidarnos mutuamente hasta sentirnos seguros; sanar con abrazos, palabras dulces y conversaciones incómodas, y sentirnos orgullosos de cada uno de nuestros logros. El amor no tiene por qué ser un desastre natural: adiós al naufragio y a los terremotos. Te elijo en cada espejo y en cada reflejo, es que ahora el amor me sabe a calma, con las mariposas en libertad.