Abu-abuelita

Tú tan ciento cuatro y yo tan treintaitrés. No sé que haré los 25, aunque nos seguirás abrazando desde donde estés. Ya no tendré tu mano agarrando la mía ni sumarás más arrugas a tu sonrisa ni cantarás como cuando te sentías inspirada. Ahora pintarás colibríes en las flores y trenzarás nomeolvides en el arcoíris.

Quería escribirte tanto, pero todavía me faltan mil palabras para describir esta nueva ausencia. Volví a sentirme niña, correteando en el jardín, persiguiendo los sueños que tejías para mí. Al menos me dijiste adiós sonriendo y así te guardaré conmigo: con tus ciento cuatro encima mientras trato de alcanzarte, aunque te prometo que sin prisas.

Hasta que nos volvamos a ver, abu-abuelita.