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Cazadorxs de espejos y de nubes

Quiero acomodarte en todos mis planes, mientras cazamos dinosaurios en las nubes. Nos encontramos tras los espejos, como niñxs persiguiendo mariposas: condensamos los abrazos perdidos que no supieron darnos. Me siento en casa aunque estés a cincuenta y cuatro kilómetros de distancia, porque vales todo el espacio y hasta el universo que pintas en mi sonrisa. Que mis cicatrices sean leídas por tus labios; mejor he dejado la invisibilidad para otros juegos, porque me notas a cada paso. De ahora y enseguida comienzas a descifrar todos mis porqués, mis cómos, mis dóndes. Ni siquiera yo sabía cuánto los había enredado.

Dedicar las lunas, crecer como flores en pradera y provocar incendios con tu boca. Ser tú, ser yo, ser nosotrxs: me dibujo garabato sin ocultar quién soy. De pronto me hallo redescubriendo la primavera en tus pupilas, con jirones de poemas y sonrisas reinventadas. Conviertes mis anhelos en ritual: cobijas cada certeza y cada paso, afianzando mis sentires uno tras otro. Para expresar mi deseo me faltan tus lunares bajo mis manos, lloviendo caricias ínfimas que abrasan tu silueta. Cada que te veo se me encienden las luces de Navidad aunque sea verano: arcoíris persuasivo que me provoca firmar todas las cláusulas contigo.

Caleidoscopio camaleónico: nos hemos encontrado, ya no somos imposibles. Desagrietas las inseguridades con tu propia magia. De repente todas las piezas encajan y el aleteo ansioso ya no se oculta bajo el ombligo. Nos armamos rompecabezas en medio de la calma. Te hablé de auroras, bosques y galaxias, de lunas rotas y nudos corredizos, y de estrellas a punto de extinguirse porque sus universos colisionaron sin poderlo evitar. Hoy nos siento atemporales y atemporales nos prefiero.