De tu lengua una delicia,
de tus ojos mi codicia:
sentir el mar sin su lamento
ni más postres venideros.
Romper la rima que trasciende empalagosa, porque de chicles y algodones ya no quiero otros amores. Y ahí voy, descubriendo los retazos de esta vida que me reta y me revuelve y caótica me encuentra: seré canela, azafrán y hierbabuena, magia y tormenta.
Déjame suspirar entre tu lengua,
tremor volátil que enciende;
danzar entre letras y placeres:
arrollo los adioses trastocados.
Tal vez nunca entienda tu propósito, Cupido, pero me vale el sentido. Quiero brillar y ser yo cuando me enamoro de cada par de ojos que me enseñan universos. Retozar entre caricias rotas y trocarnos eternos a mi manera. Seré real: en esta vida y en las siguientes.