Perdida en la nada, sin sombra ni luz. Reconstruyendo el dolor de la despedida, una y otra y otra vez sin saber salir. Enredada en el laberinto de los adioses. Diez años, cuatro meses, la nada. Gris, dolor, no hay dónde esconderse.
Que nadie me diga maravillosa, porque he dejado de serlo. Abotagada de grises, embotada en el vacío. La nada. He dejado de sentir: las caricias se desvanecen en los vacíos. El vacío del adiós. Ya nada queda y me re.re.re.repito: bucle infinito, que no se acaba, que no se rompe…, las ganas han dejado de existir. Es que… ya no quiero volver a sentir.
(…)
Tuve que perderme para volver a encontrarme. Páginas y páginas de otras historias, libros que sacuden el alma para desempolvar quien soy. Vuelvo al cero, a la nada: resurgir del silencio y colmar los vacíos con risas y arcoíris. El tiempo no cura ni madres, pero tampoco se detiene: siempre recordaré, siempre seré real. Extraño sentir.
Volver a pintar fantasías en las flores. La esperanza se ha vuelto de fresa. Anhelar más lunas, más magia; florecer en primavera una y otra vez, sin miedos, sin ti, contigo, con sueños, con…, sin…, deshojando margaritas. Añorar la calma y el hogar.
Respirar. Uno. Tú. Dos. Yo. Tres. Perdida. Cuatro. Encuentro. Cinco. Yo. Seis. Yo. Siete. Yo, siempre yo.