Porque me llamó loca, histérica, enferma, exagerada. Porque me dijeron que yo lo había provocado, por cómo vestía, porque nunca me negué; que golpear la pared era mejor que mi cara: quien se lastimaba nada más era él. Porque, si me engañó, fue por culpa de mi carácter. Porque los insultos sólo son palabras y ya debería haberlos superado. Por siempre ceder a su control. Porque la culpable siempre fui yo.
Por todas las veces que no pude hablar ni contarle a nadie: por miedo, por culpa, por ignorancia. Quemaré el silencio por todas aquellas que aún no encuentran las palabras, por las que aún no salen, por las que regresaron al encierro, por las que jamás volvieron.
#8M