27 de septiembre de 2019
Estoy frente a la máquina de escribir y una hoja en blanco. Entre la nostalgia de esta fecha y mi shot hormonal, comienzo a enlistar los diez motivos por los que no es una buena idea que volvamos:
- Éramos demasiado impulsivos.
- Nos amábamos en medio de otras historias.
- El miedo de que no funcionara.
- Las risas: antes, después y durante.
- Los adioses a medias, jamás definitivos.
- Neruda y su manía de escribir los versos más tristes todas las noches.
- Cuatro noches invictas en mi lista de noches favoritas. Y debo confesarte algo: diez años después, sólo tengo cinco.
- Perseguir palomas en el kiosko.
- La sonrisa que tenías conmigo y que guardé en las fotos que no se perdieron.
- Todos los viajes y los postres que nos faltaron por hacer.
En realidad, estaba buscando las razones para soltarte, hasta que me di cuenta de que las anteriores eran las mismas para buscarte. Y heme aquí, lamentando que el miedo fuera más grande que el amor. Sí, como los clichés que tanto odiabas. Es que nuestra ruptura sonaba a Katy Perry.
Al menos tengo una idea clara: he decidido rom… solt… aflojar el hilo que nos ataba. Me costó escribirlo. Pensé que lo tenía claro, pero ya ves que no. Lo borré varias veces hasta que me convencí de que era lo mejor. En medio de tanta incertidumbre, dejaré la rendija abierta para un tal vez. Al menos sé que he vuelto a creer en la magia, incluso en otros balcones.
Tuya,
la que siempre te hizo reír.