Nos llenamos de vacíos, entre cuerpos, sudores y otros vicios; ocultamos nuestras ansiedades por miedo al qué-dirán; fingimos lo que no sentimos y nos asqueamos de nosotros mismos. Todo, absolutamente todo, nos retrae en vacuidad. No hay consuelo: es mareo, ruido, basura y miedos. Parece que nunca llegaré a la sima de la nada.
Mejor intento volar sin alas, salir de esa maldita jaula… Desnudos superficiales que parecen infinitos, y de las oscuridades nadie quiere hablar, querida soledad. Somos optimistas de lo efímero: sólo hay encuentros llenos de frívolos placeres, la nada. Me despojo de los temores, anonimizo el cuerpo de silencios y de ruidos.
Busco las palabras. Escribo. Borro y vuelvo a escribir. Vete ya, vacío, en mí no te quiero más. Los [des]nudos comienzan a soltarse y me encuentro y te encuentro y llenamos el vacío. Adiós, querida soledad.