Soy dualidad:
rosa y oscura,
indeleble y volátil,
de vestidos y de tenis,
maquillaje y muchos libros;
yo soy lo que soy
y lo que me gusta ser.
No sé rimar
y hago rimas sin cadencia;
es locura y equilibrio,
torbellino.
Un día me rompí,
pero ahora vuelvo a estar…
Soy caricia furtiva,
inalcanzable hasta que me halle(s);
me gusta el arcoiris que soy
justo después de la tormenta.
No me canso de la vida,
me enamoro en cada risa,
casualidades infinitas.
Largas mis pestañas,
me construyo siempre
en mi propia dualidad.
Soy magia
y soy libertad.
Mes: junio 2019
Vacíos
Nos llenamos de vacíos, entre cuerpos, sudores y otros vicios; ocultamos nuestras ansiedades por miedo al qué-dirán; fingimos lo que no sentimos y nos asqueamos de nosotros mismos. Todo, absolutamente todo, nos retrae en vacuidad. No hay consuelo: es mareo, ruido, basura y miedos. Parece que nunca llegaré a la sima de la nada.
Mejor intento volar sin alas, salir de esa maldita jaula… Desnudos superficiales que parecen infinitos, y de las oscuridades nadie quiere hablar, querida soledad. Somos optimistas de lo efímero: sólo hay encuentros llenos de frívolos placeres, la nada. Me despojo de los temores, anonimizo el cuerpo de silencios y de ruidos.
Busco las palabras. Escribo. Borro y vuelvo a escribir. Vete ya, vacío, en mí no te quiero más. Los [des]nudos comienzan a soltarse y me encuentro y te encuentro y llenamos el vacío. Adiós, querida soledad.
Pieles
Tienes una piel electrizante, de esas que se erizan con caricias y se cimbran con mi boca. Y me vuelvo obsesa de tu tacto, manos, mares y hondonadas; somos rocío mientras nuestros cuerpos se descubren.
Te vuelves vino y nuez moscada, ígneo espíritu que me provoca. El instante se vuelve siglo y yo me hundo en tu marea. Sabes a océano, magia y duermevela; somos fugaces encuentros del tiempo. Me reconozco en tu intelecto: entonces descubro que no quiero otra piel ni otra magia.