Publicado en No ficción

Aporofobia

No es xenofobia, tampoco es racismo: este fenómeno es aporofobia. Y México es uno de los países con mayor número de aporofóbicos. Si estos inmigrantes hubieran sido los europeos que tuvieron que dejaron Inglaterra por el Brexit, no habrían generado tanto rechazo como ahora. ¿Les van a quitar el trabajo? Si ni siquiera los dejan entrar. ¿Odiaron a Trump cuando quiso construir el muro? Aquí no hizo falta construir nada. ¿Temen que sean delincuentes? Doble moral. El miedo, más bien, es a su pobreza y lo que ésta representa.

En 2017, el neologismo fue convertido en «La palabra del año» por la Fundéu (Fundación del Español Urgente). Fue inventada por la filósofa valenciana Adela Cortina —ya desde 1995—, quien le puso nombre a ese fenómeno que existe desde hace muchísimo tiempo y que nadie había bautizado: la aversión a los pobres y a la pobreza en sí. De acuerdo con Joaquín Muller, director general de la Fundéu: «Conviene recordar la importancia de poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, estas realidades no existen o quedan difuminadas».

La palabrita me viene rondando la cabeza desde hace unos días, mientras le platicaba a mi papá su origen. Y hoy, más que nunca, se encuentra presente en mi realidad y me he visto en la necesidad de añadirla a mi vocabulario. Se trata de una situación que a nadie le gustaría reconocer; sin embargo, cuanto más pobre es el otro, mayor miedo y rechazo genera. Me provoca escalofríos ver que se ha filtrado entre mis conocidos.

Así que la dejaré por aquí. Tal vez, si la nombramos lo suficiente, podamos combatirla…