Escribo. ¿Y desde cuándo lo hago? Desde que tengo uso de razón. Cuando estaba en la primaria, había un montón de talleres extracurriculares y, bueno, uno de ellos se llamaba «Imaginación». Recuerdo que yo estaba en 1° de primaria, mientras que mis compañeros eran de 4° o 5°, niños grandes que ahora ni siquiera recuerdo. Mi memoria de esa época es algo difusa, salvo un cuento que escribí sobre un pececillo dorado.
Básicamente, siempre he escrito lo que se me ocurre, sin pensar demasiado. Antes de entrar a la universidad, mi madre tenía una técnica muy buena para corregir lo que escribía: me hacía releer el texto y me preguntaba dónde había errores. Por fortuna para mí, ella redacta bastante bien, mientras que mi padre tiene muy buena ortografía. Nunca batallé por ese lado, así que con el paso de los años, las dificultades de redacción fueron desapareciendo.
Por otro lado, mis clases de español fueron superiores a ninguna, al menos durante los tres primeros años de la Primaria; veíamos sintaxis avanzada, la misma que apenas en la universidad comencé a re-aprender nuevamente. No fue sino hasta ahora que puedo darme cuenta de la educación privilegiada que tuve…
Además, a la hora de escribir siempre me ha ayudado mi gusto por la lectura. No estoy segura de si he copiado algún estilo, pero sé que sí ha influido en los temas y tipo de textos que me gusta crear. Por ejemplo, J. R. R. Tolkien y El señor de los anillos me han guiado a través de la fantasía; gracias a Dumas y Los tres mosqueteros, he podido mejorar un poco la intriga, y las ideas amorosas las he tomado de Jane Eyre o Mujercitas, entre otros muchos autores.
Y cuando era adolescente, fascinada por El diario de Ana Frank, me dispuse a escribir un diario. Oh, no, para nada, no lo he vuelto a abrir…; pero el caso es que lo hice. Sólo sé que escribí las tragedias comunes de una típica adolescente y que ahora me causan mucha gracia; sobre todo porque son recuerdos de una época muy divertida.
Después, cuando regresé de Alemania, combiné mis escritos con el alemán, con el fin de que se mantuviera secreto. Aunque eso sí, siempre es más fácil escribir en mi lengua materna que en alemán, a pesar de la relativa fluidez que adquirí después de nueve meses allá. No obstante, en algunas ocasiones me gusta más usar ciertas interjecciones y expresiones en alemán.
A pesar de escribir por gusto, también debo escribir en el trabajo. No está dentro de mis funciones, pero a veces hay que dar avisos formales o informes, y mi jefa me da esa oportunidad. Eso sí me cuesta un poco más de trabajo, pero a mí me sirve de experiencia. Y, por extraño que parezca, me resulta divertido.
Por último, casi todo lo que he escrito, lo he hecho por y para mí, aunque algún día me gustaría publicar algo. Hace poco tiempo comencé a mostrar algunos textos a la gente cercana a mí, mas nunca con otro fin que el del desahogo y entretenimiento personales. Espero que en el futuro pueda dejar atrás mis miedos y logre hacer algo bueno con ese placer que me da escribir…