Te enamoraste de mi lado salvaje, de mi lado oscuro, de mis demonios. No te enamoraste sólo de mi lado amable y risueño, sino de todo aquello que es en mí lo menos notable.
Has sido valiente al acercarte, al amarme… Vives en mis enojos, en mis silencios y hasta en mis lágrimas, en mis pesares y mis tristezas; pero a pesar de todo, has decidido quedarte.
Y yo sonrío cuando te veo, cuando me tocas, cuando me hablas. Mis demonios se rinden al sonido de tu voz; estremeces mis sentidos sin ser consciente de lo que provocas. Y me amas por ser yo, por tener historias que contar y sueños que alcanzar; y eres tú a quien amo, porque también tú tienes tus propios demonios.
Sé que no soy perfecta, tengo un lado frágil y vulnerable que con el pasar de los años has llegado a amar. Y me gusta estar expuesta así ante ti, con la mirada desnuda y el alma libre, reflejándome en tus ojos, porque contigo me siento fuerte y protegida, todo al mismo tiempo.
Y me gusta que te enamores, porque tu boca y mi boca, tus manos y mis manos, tus ojos y mis ojos…, en fin, tu cuerpo y mi cuerpo se han fundido en un sólo ser: nosotros, tan unidos y tan separados como pueden llegar a estar dos personas que se aman como tú y como yo.